Entre Portomarín y Palas de Rei, el Camino Francés atraviesa una Galicia de prados, aldeas y corredoiras. Cerca de Castromaior, un breve desvío asciende hacia una colina donde taludes y muros dibujan un asentamiento fortificado ocupado mucho antes de existir la peregrinación a Compostela.
El castro de Castromaior es uno de los yacimientos más evocadores junto al Camino. Desde la altura, los recintos antiguos y los peregrinos actuales comparten el mismo paisaje.
¿Qué es un castro?
En el noroeste ibérico, castro suele designar un poblado fortificado de la Edad del Hierro. Murallas, fosos, terraplenes y terrazas organizaban y protegían el espacio habitado.
La cultura castreña no identifica a un único pueblo inmutable. Abarca comunidades y evoluciones diversas desde finales de la Edad del Bronce y la Edad del Hierro hasta las transformaciones del mundo romano.
En Castromaior, varios recintos sucesivos siguen el relieve. Su organización sigue siendo monumental aunque los muros ya no conserven su altura original. Las excavaciones han ayudado a reconocer estructuras y etapas de ocupación.
¿Era un poblado celta?
La pregunta atrae porque la Galicia contemporánea siente una fuerte afinidad con la identidad celta. La arqueología, sin embargo, utiliza el término con prudencia.
El noroeste participó en intercambios atlánticos y europeos; autores antiguos emplearon categorías relacionadas con celtas y celtíberos. La metalurgia, el arte, las armas y algunos nombres sugieren relaciones culturales amplias. Pero «celta» puede crear la falsa impresión de una identidad, lengua o institución uniforme en toda Europa.
Los habitantes de Castromaior no dejaron un relato sobre cómo se definían. Resulta más responsable hablar de un castro de la Edad del Hierro del noroeste ibérico y explicar después el debate. Esa cautela no resta interés: permite entender una historia local conectada con redes más amplias sin convertirla en ilustración de un mito moderno.
Una comunidad en su paisaje
Los castros eran lugares de vida diaria. Sus habitantes cultivaban, criaban animales, fabricaban herramientas y trabajaban distintos materiales. La posición facilitaba la defensa, pero también organizaba la relación entre viviendas, espacios comunes, campos y caminos.
Roma transformó gradualmente este mundo. Los asentamientos, economías y estructuras políticas cambiaron a ritmos distintos. Hablar de una desaparición súbita sería demasiado simple: las comunidades se adaptaron, a veces se trasladaron e incorporaron nuevas prácticas.
Hacer el desvío
El terreno puede ser irregular y estar expuesto al sol, al viento o a la lluvia. Hay que respetar las zonas protegidas, no mover nada y evitar subir a las estructuras. Conviene verificar las condiciones actuales de acceso.
Busque primero las líneas del relieve: las defensas sucesivas, la posición dominante y la relación con el campo. Después, mire el Camino. Esa cercanía constituye la lección más poderosa. Castromaior recuerda que caminar hacia Santiago también significa pasar junto a historias que las flechas amarillas no pueden contar por completo.



